jueves, 8 de septiembre de 2011

Me duermo

Me duermo con mi vista cansada.
Me duermo con mi cuerpo doliente.
Me duermo con mi espalda torcida.
Me duermo con mi alma rendida.
Me duermo con sueños sin cumplir.
Me duermo con metas sin alcanzar.
Me duermo con ganas de no despertar.
Me despierto horas más cerca de mis metas. 

viernes, 19 de noviembre de 2010

jueves, 18 de noviembre de 2010

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cereza



Encontré la cereza más hermosa del mundo. Su piel era tan delicada que no la podía dejar de acariciar, su aroma era tan exquisito, dulce, exuberante. No podía dejar de apreciar su simetría, su perfección. Estaba enamorado. Había cientos de cerezas en el árbol, pero yo espere por ti. Te iba a ver a diario, esperando el día en que calleras del árbol hacia mi mano. Por fin llego el día en que pensaste estar madura y caíste. Cuando te recogí notaste que me sonroje, pero nunca llegaría a tu color tan radiante. Fue hasta el día que ya no pude más y te di un mordisco, que me di cuenta de lo amarga que eras.

martes, 16 de noviembre de 2010

Duda



Eran los últimos días de otoño del año de 1970, recuerdo que la primera vez que la vi bajando de las escaleras, los ocres del otoño estaban saliendo a flote. Los higos tan morados, estaban perdiendo su color cereza, y ya estaban un poco pasados, mientras algunos tercos que se creían maduros, seguían colgados en tonos grises. Las vallas para los que puedan reconocer cuales son comestibles, estaban majestuosamente expuestas con un colorido, rojo, morado, naranja, y amarillo. El cielo estaba en fuego ese mes de Noviembre, ardían flamas entre las nubes y el sol. Mientras atardecía se combinaban el color  amarillo ocaso con el escarlata, los celestes poco a poco se convertían en marinos, y el rosa cedió hasta que el rey durmió. Aun así me perdía ese espectáculo cuando me absorbía un color miel que es el mismo de día y de noche, y el cual agradezco su existencia solemnemente. Era delgada, con pelo negro y piel apiñonada, sus ojos eran miel pero aun así tenían algo oscuro dentro de ellos. Como todo un hombre, no me atreví a decirle una palabra mientras la vi bajando las escaleras. Fue hasta principios del invierno que decidí hablarle, para esas fechas yo sabía a qué hora acababa su clase y a qué hora bajaría por las escaleras, así que la espere frente a las escaleras, estaba seguro que mi corazón palpitaba tan fuerte que se escuchaba por todo el campus. La vi bajar, decidido fui a hablarle. Nunca supe cómo romper la tensión de los primero encuentros, esta vez no fue excepción. La conversación fluyo un poco y le pregunte donde vivía. Al ver que estaba oscureciendo, y que no quedaba lejos de mi casa, me ofrecí acompañarla a su casa. Tome sus libros y caminamos juntos. Hablamos de cosas cualesquiera. Cuando llegamos a su casa me atreví a invitarla a salir y ella accedió, nos quedamos de ver el domingo en misa. Eso fue un lunes. Paso martes, miércoles, jueves y viernes, y no la vi en el campus, no la espere en la escalera, no me atreví a buscarla. El sábado no tenia forma de verla más que ir a su casa, y por supuesto que no me atreví tampoco. Llego el domingo y me hice a la idea que ella no iría a misa como lo teníamos planeado. ¿No supo de mí toda la semana por qué habría que ir? Al acercarse la hora mi madre me pregunto por qué todavía no estaba listo. Le dije como excusa que hacía mucho frío y que no me quería bañar, y que además de seguro ella no iría por las mismas razones. Mi madre me miro y me dijo, Hijo, la palabra es lo único que tiene el hombre. Inmediatamente me metí a bañar, me cambie lo más rápido que pude y corrí a misa con la incógnita de si ella estaría ahí. Hoy, ella es la madre de mis cuatro hijos. 

lunes, 15 de noviembre de 2010

El truco del cristal

Un mago iba caminando con su aprendiz, hoy era el día en que le iba a enseñar su primera lección. Así que el mago y el aprendiz caminaron hacia la calle del repostero. Una calle llena de aparadores con pasteles, galletas, macarrones y demás. El aprendiz le pidió que le enseñara un truco para poder tomar algo de los aparadores. El mago accedió y le dijo que le enseñaría el truco del cristal, el joven aprendiz estaba muy contento ya que conocía la existencia de ese truco y estaba emocionado por poder atravesar el cristal. El mago le dijo que tenía que confiar en sí mismo, en el mundo, y que tenía que visualizar su brazo del otro lado del cristal. Ansioso el aprendiz se puso de frente al cristal y le dijo al mago que estaba preparado. El mago le recordó que al usar magia blanca sus fines tienen que ser puros, el joven aprendiz respondió con osadía que estaba preparado. Entonces el mago le recordó una última cosa, le dijo que cerrara fuerte su puño y que intentara atravesar el cristal con toda la fuerza que tenga. Acto seguido el aprendiz se puso en posición, visualizo las galletas de mantequilla que estaban del otro lado del aparador, podía olerlas, saborearlas. Confiaba en sí mismo estaba preparado, lanzo su brazo al cristal y para su sorpresa pudo atravesar el aparador, llevándose al cristal de por medio. El Mago reía al ver como los cristales seguían cayendo y como todos los pasteles, galletas y otras delicias se llenaron de diminutas fracciones del cristal. En seguida  el mago le dijo, Primera lección, no puedes tener todo lo que ves. 


domingo, 14 de noviembre de 2010

El viejo manzano.


Un niño con hambre recibe una naranja de los naranjos de su jardín de parte de su madre. El niño le pregunta qué tan buenas son las frutas y por que crecen en su jardín. La madre le contesta que los árboles frutales tienen cualidades que cualquier humano debería de tener. El niño intrigado le pregunta cuáles son esas cualidades. Para lo que contesto que los árboles frutales desarrollan todo su potencial para el beneficio de los demás, también que entre más crecen más dan a los demás. El niño volteó al jardín vio al viejo manzano, y le pregunta a su madre por que el manzano nunca da manzanas. Y ella le contesto que algunos árboles frutales son como los humanos nunca entienden que necesitan de otro para poder desarrollarse, y se hacen viejos sin haber dado nada al mundo.